viernes, 5 de marzo de 2010

Sentir

La sentía llorar, como en cualquier otra noche. Era lo normal, era lo que esperaba con angustia cada día, antes de irme a dormir, esperaba. Esperaba que llorara, y sentir como que esas lágrimas eran mías. Sentir su voz quebrada diciendo que el tratamiento no funcionaba, y el dolor que le ocasionaba eso. Sentir cada una de sus palabras y saber que por cada palabra, en su cara se escurría una lágrima, para ser seguida por muchas, muchas más. Sentir su impotencia, y sentirla mía, y no poder correr a abrazarla y que sus lágrimas, las que yo sentía mías, tocaran mi rostro.
Sentir la elevación y el descenso de tu voz, el quiebre de ella, y el ahogo de sentimientos que había en ella.
Sentir todo eso, cada noche, sin poder hacer nada. Solo tener prendida la luz de mi habitación, sentarme en el suelo al lado de la puerta y esperar. Como esperaba su llanto esperaba su final. A veces era algo que no terminaba, pero que se volvía silencioso, casi imperceptible.
Cuando eso pasaba, me levantaba y miraba un instante la pared haciendole quien sabe que pregunta con mis ojos, y me quedaba unos minutos asi, como si esperara su respuesta. Y entonces me acostaba para dormirme.

Era pequeña, y en lugar de escuchar la voz de mi mamá cantarme o leerme un cuento, la escuchaba llorar cada noche.
De día era muy dificil verla llorar, y siempre me daba mucho miedo que llorara de día porque no sabría que hacer. Las veces que la encontré llorando de día fueron muy pocas.
Pero no podía expresar todo lo que quería decirle, y entonces la abrazaba, y cuando quería decirle que no llorará y todas las palabras de ánimo, todo lo que deseaba que ella oyera, no conseguía hacerlo. Solo rompía a llorar, lloraba con ella mientras la abrazaba, y ella me decía que todo estaba bien y que no debía llorar.

Ya no llora por las noches, y tampoco de día. Pero ayer la volvi a sentir. Miraba una pelicula tonta, y escuche su llanto. Una sensación extraña me invadió. Mis pensamientos dejarón de invadirme, los flashbacks de esas noches de llanto, y todo lo demás se fue tan rápido como vino en el momento en que sentí de nuevo el sonido de sus lágrimas.
La busqué, la vi llorando, parecía una llave diminuta para una puerta muy grande. Me acerque a ella y la abracé.
¿Ella se había vuelto pequeña o yo había crecido de golpe?
O las dos cosas. Tal vez.

Seguía sin poder expresar todo lo que quería, pero podía decirle que no llorara, que todo estaría bien y abrazarla. Y eso era todo un avance para mi.